Capítulo I – “El retraso”.
Ya era tarde, me quedaban tan solo cinco minutos para llegar a tiempo. Agarre el abrigo lo mas rápido posible, colgué mi mochila sobre mi hombro, y salí disparando hacia la puerta.
Estaba todo mojado, aunque la lluvia por suerte ya había acabado, ya me quedaban tan solo tres minutos y yo recién llegaba a la esquina, y para rematar, pise mal y me fui directo al suelo. Un hombre me tendió su mano pero fue tanta la vergüenza que sentía que me limite a agradecerle, tomar mi libro del suelo, y como pude me levante sola y seguir mi camino.
La puerta ya estaba cerrada.
-Tarde, siempre tarde vos- me dijo Claudia la preceptora, con su voz particularmente afónica.
-Perdón, hice lo posible, pero…-
-Esta bien, quedate sentada ahí, y espera a que termine el izamiento así podes entrar-
Vi como me anotaba una vez más en su libreta, que ya prácticamente era mi libreta. A veces vivir a sólo tres cuadras del secundario no significa que llegue puntual. En realidad, no me considero una persona “puntual” en ningún lado.
El discurso del director había terminado y las puertas se abrieron para mí, disimuladamente me metí entre la gente y fui hacia mi salón.
-jajaja, ¿que te pasó?- Fue lo primero que me dijo Belén ni bien me vio entrar. Es verdad no lo había notado hasta el momento, pero mi aspecto era espantoso. Mi largo y apreciado cabello marrón estaba todo frizado por la humedad y la mitad de mi cuerpo estaba empapada por la caída.
-Me caí cuando venía para acá-
-jajaja, la verdad sos única eh- me dijo completamente tentada de la risa.
-jajaja hice lo que pude por llegar a tiempo, pero bueno, soy torpe- me lamente.
De a poco entraban todos en el aula, y ahí fue cuando mi cara se torno completamente pálida. Como siempre, caigo tarde en todo, hasta en mis pensamientos. Aunque suene ilógico, había olvidado que entre el grupo de compañeros de curso se encontraba el hombre de mis sueños, y claro, yo tenia que presentarme en un estado degradante como para que se fije en mí y salga corriendo. Igual, estaba claro que jamás se va a fijar en mí, por que somos diferentes, pero aún así, siempre mantengo la esperanza.
-¿Señorita Díaz se encuentra bien?- Me maree un poco al escuchar la voz de la profesora, pero rápidamente retome el control de mi misma y respondí
-¿Eh?-
Bueno, digamos que en momentos así, no tengo mucho “autocontrol”, hago lo que puedo.
De golpe reacciono y abro mis ojos. El techo. Que mugre, cuanta tela de araña que podrían sacar… ¿Dije el techo? Si, estaba recostada en la camilla de la enfermería del colegio, al parecer me desmaye, fue un improvisto.
-¿Te despertaste querida?, a ver, toma un poco de esto que vas a estar un poco mejor- No se lo que era pero trague el liquido que me ofreció Ofelia, la vieja esa esta ahí en la enfermería prácticamente desde la llegada de Colón a América, bueno, no tan literal claro, pero lleva sus años en la institución.
-Listo, anda para el curso y cualquier cosita me avisas eh- repitió
-Muchas gracias-
-Denada mi cielo, pero avisame eh- insistió.
Me limite a sonreírle y me fui, pero antes de ir al curso, pase por el baño para peinarme un poco, cada vez estaba mas destrozada.
Para mi desgracia hay un solo espejo en el baño y mide aproximadamente
Me produje un poco, y fui al salón. Entre como si nada, aunque inevitablemente observe como algunos miraban. En sus caras podía encontrar muchísimas reacciones diferentes, asombro, desprecio, despreocupación, etc.
-“Se iniciaba en
-¿Te sentís mejor ya? – Me preguntó Belu.
-Sí, estoy bien, no fue nada-
-Estefanía dejame que lo hago yo, por que necesito nota, quiero hacerlo yo- Ya tenia que romper la paciencia, por no decir otra cosa, mi hermano. Sí, tengo un hermano, Ignacio, pero todos le decimos Nacho, en mi caso le digo “Idiota”. Lamentablemente no sólo tengo que sufrir día a día soportándolo en mi casa, sino que en mi escuela también, aunque igual, el sabe que lo quiero con el alma.
-No, deja que lo haga yo, ya lo entendí- Le contesta Estefi.
-Dale pendeja, hace otra cosa-
-Hace otra cosa vos pesado, no me jodas a mi-
-Che basta, trabajemos bien, seamos un buen grupo- Saltó Belu a calmar un poco la situación que ya se veía que iba a terminar en una catástrofe.
-Fer, ¿estas con nosotros?- Le pregunte
-No, mejor lo hago solo, todo bien igual- Responde a la par de un gesto que hace con sus manos.
Fer acostumbra a estar solo, no se si eso le parece didáctico o que, pero a pesar de ser un ser exageradamente social, resulta muy contradictorio con sí mismo.
-Bueno basta en serio, hay que hacer el trabajo, ¡no se peleen más!- Acotó Belu.
Nacho y Estefi siguieron discutiendo sin importar los comentarios de Belén, y yo me dedique a observar como el hombre de mis sueños reía junto a sus amigos.
-¿Me vas a ayudar con el vestuario para este sábado?- Me pregunto de golpe Belu, ya cansada de intentar frenar la discusión de los otros dos.
-Sí, claro, no hay problema, ¿que necesitas exactamente?- Respondí.
-En realidad, conseguí un vestido negro bastante largo que me sirve bastante, ahora solo falta lo que lleva en los hombros, lo que lleva en la cabeza y unas mangas para los brazos-
-Bueno, exceptuando lo de las mangas, el resto se puede hacer en cartulina, y las mangas vemos como hacemos-
-Si, ui! Que bueno, no puedo creer que ya sea este sábado la función-
Belu actúa en una serie de eventos para gente especial, es algo raro, no se, no comprendo mucho, pero haga lo que haga mi mejor amiga ahí estaré para ayudarla. El gran problema es mi hermano, que de un día para otro se la da de actor y se suma a esta campaña, así que no solo debo preocuparme por mi amiga sino por mi hermano y por mi reputación.
Pasaron las largas horas de la mañana, y me fui para mi casa. Como siempre, nunca llevo las llaves en la mano para abrir la puerta principal, así que toco el timbre, y como de costumbre nadie me abre. Hasta que decido sacarme la mochila para buscar las gloriosas llaves pero claro, termino enredándome con las tiras del bolso, quedando en una posición incómoda y recién ahí alguien me abre.
Mi madre siempre me espera con el almuerzo servido, sabe perfectamente que llego completamente hambrienta.
Finalizado el banquete, como siempre, me encierro en mi habitación. Uno de los tres lugares mas sagrados en mi vida de adolescente, los otros son mi terraza y bueno… la ducha. Pero en el dormitorio tengo privacidad, tiempo y mis reglas. El lugar perfecto donde descargo las penas y las glorias, donde puedo cantar, bailar, hacer lo que quiera.
Y como todos los días, hago uso de mi computadora. Cosa que mi madre no lo ve muy bien, ya que considera que paso mas tiempo dedicado a ese aparato que a ella, pero bueno.
Puse un poco de música, y abrí mi correo electrónico. De pronto una ventana de conversación se abrió, con un mensaje inesperado.
♦(Annie D. Lopez)♦




























